jueves, 25 de junio de 2009

Características de las mochilas

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La mochila es quizá el artículo que más se use, desde aquellas pequeñas que se llevan a todos lados hasta las grandes y sofisticadas para expediciones. Pero no todas son iguales y la elección de una depende de la actividad y de otros factores. Como usuario, uno tiene que observar sus características antes de adquirir una.

La mochila forma parte de ese material que conviene escoger con especial cuidado. Una mochila mala o un modelo inadecuado no sólo puede amargarnos la vida, sino que incluso puede afectar a nuestra salud. Cuanto más cerca del eje del centro de gravedad corporal se encuentre el centro de carga, más fácil será transportarla.




Este hecho influye en la forma y el sistema de suspensión de la mochila y también en la manera de distribuir la carga en su interior: los objetos más pesados hay que guardarlos cerca de la espalda y arriba (zona de hombros), y las piezas más ligeras se colocarán en la zona periférica e inferior. Para comprenderlo mejor, basta con imaginarse la forma de los cestos de transporte de los porteadores en Nepal, o la de los arcaicos macutos de madera que se utilizaban en los valles alpinos.
Una mochila de alpinismo tiene que estar fabricada con un material que cumpla con unas exigencias mínimas de calidad en cuanto a la resistencia del tejido y las costuras, tener unas hombreras suficientemente acolchadas y anatómicas que puedan regularse al caminar, y disponer de varios compartimientos con cierre de cremallera para guardar utensilios.
A partir de unos 45 litros, aproximadamente, es aconsejable que la mochila disponga de un cinturón lumbar acolchado que permite trasladar la carga desde los hombros hasta la cadera: para volúmenes más pequeños basta con un cinturón lumbar más sencillo.

Sistemas de espalda
Las mochilas que se apoyan directamente sobre la espalda, aunque no tienen armadura, siempre deben tener una espalda acolchada para dar mayor estabilidad y confort. En algunos modelos esto se consigue con la incorporación de una colchoneta de gomaespuma que puede ser extraíble o no.
Este tipo de mochilas anatómicas se ajustan estrechamente a la espalda y son especialmente adecuadas para la escalada, el esquí de travesía o esquí alpino fuera de pista, o el ciclismo. Las mochilas de gran capacidad (las denominadas mochilas de trekking), con un volumen que va desde 50 hasta 70 litros, aproximadamente, o incluso más, deben estar equipadas con una armadura ligera, estable y anatómica. La mejor solución la ofrecen unas pletinas de aluminio extraíbles y deformables (los viejos tubos no son flexibles).
Dado que hay espaldas cortas y espaldas largas, el sistema de espalda debe ser de altura ajustable.
Las mochilas con armadura rígida exterior —las canadienses— se pueden considerar anticuadas para la mayoría de los usos. Por su elevado peso y el hecho de estorbar mucho y limitar la movilidad en las actividades de montaña, su uso queda restringido a las actividades en terrenos no montañosos. Son adecuadas, sin embargo, para transportar cargas pesadas, como, por ejemplo, en expediciones o en porteo de víveres a refugios muy accesibles, o para todas aquellas actividades en las que es necesario transportar objetos abultados que no caben dentro de una mochila y que por ello tienen que sujetarse en la parte exterior. También para tirar de un trineo (expediciones en Groenlandia, Alaska, etcétera) ofrecen algunas ventajas.



Las mochilas de senderismo deben estar equipadas, preferentemente, con un armazón ligero incorporado y disponer de uno o varios compartimientos exteriores. Capacidad: de 20 a 45 litros, aproximadamente.
Las mochilas de día o day pack se pueden encontrar en muchas versiones: para ir al colegio, para excursiones urbanas, para esquiar o montar en bicicleta, etcétera, y a menudo ofrecen numerosos detalles funcionales. Por desgracia, abundan en el mercado los modelos a precio de ganga que tienen una calidad más que dudosa. Sin embargo, también las mochilas de día deben cumplir con unas mínimas exigencias en cuanto al confort y la funcionalidad, es decir, tener una espalda reforzada, hombreras acolchadas, cinturón lumbar, bolsillos o compartimentos incorporados y un material suficientemente resistente.

Sistema de ventilación de la espalda
Es imprescindible que la mochila permita una buena ventilación de la espalda para no retener el calor y el vapor de agua que se produce al sudar, y evitar así un exceso de acumulación de calor que no sólo sería molesto, sino que también se autopotenciaría debido al efecto de sauna. Pero son pocos los fabricantes que se toman en serio el detalle de una espalda bien ventilada. En el caso de las mochilas para senderismo, la solución más fresca es una malla tensa y separada de su espalda algo curvada (aircomfort). En las mochilas que se ajustan a la espalda es un acolchado de material especial que expulsa la humedad (aircontact). Existen también otros sistemas de ventilación, pero con una eficacia que a menudo deja mucho que desear.


Otras características y detalles funcionales
Las hombreras deben ser anatómicas, así como tener anchura suficiente y un buen acolchado en la zona de hombros. Una correa pectoral aumenta la estabilidad en el porteo, lo que es de especial relevancia en el caso de las mochilas de gran capacidad o las mochilas para esquí.
Hasta un volumen de 40 litros, aproximadamente, el cinturón lumbar puede ser más básico (en las mochilas para escalada es preferible que sea desmontable). En las mochilas de mayor capacidad, el cinturón lumbar debe ser ancho y acolchado, puesto que tiene la función de trasladar la carga desde los hombros a la cadera. Es preferible que el acolchado consista en dos capas para que no sea demasiado blando.
Compartimento de seta o tape: facilita un acceso rápido a los utensilios más pequeños, tales como crema solar, gorro, cámara fotográfica, etcétera.
Compartimiento en el interior de la seta: sirve para guardar documentos importantes u objetos valiosos (se ubica habitualmente en dicho lugar).
Los bolsillos o compartimientos exteriores laterales son muy útiles, siendo ideales para las mochilas de senderismo. En cambio, en las mochilas para escalada son un estrobo. Una buena solución la ofrecen los bolsillos incorporados ocultos que se pueden sacar en caso de necesitarlos. Existen también como accesorios para las mochilas de gran capacidad.
Un detalle imprescindible son las anillas funcionales portamaterial para sujetar piolets, crampones, bastones, etcétera. Se desaconsejan las cintas o correas cosidas que con frecuencia estorban más que ayudan. Son suficientes las anillas de sujeción en las que se fijarán correas regulables según necesidad.

En cuanto a la impermeabilidad, no existe ningún tejido para mochilas que sea totalmente impermeable. Para conseguir un grado de impermeabilidad aceptable (hasta una columna de agua de 1,000 mm como máximo), el tejido debe tener un revestimiento interior de entre una y tres capas. Hay que distinguir entre revestimientos/resinados de PU (poliuretano), acrílico y PVC. El primero es el habitual en las mochilas para las actividades de montaña; el tejido de revestimiento de PU es blando y tacto suave; el revestimiento acrílico es más barato, pero el tejido tratado así tienda a arrugarse, y los tejidos con recubrimiento de PVC son muy gruesos, pesados y prácticamente impermeables, se utilizan sobre todo en mochilas baratas.
De todos modos, cualquier revestimiento envejece con el tiempo. Con el uso, el tejido se endurece y se deteriora la capa de recubrimiento, lo que significa que con el tiempo disminuye su impermeabilidad. Para tener una protección segura contra la humedad, existen las fundas de nailon.
Es de especial importancia el peso de la propia mochila. Obviamente, el material cordura, que es más resistente, pesa más que el nailon para mochilas. Pero existen también importantes diferencias en el peso debido al tipo de construcción que utilizan los fabricantes.
Tomado, con la autorización de Ediciones Desnivel, de: Pit Schubert y Pepi Stückl. Montaña y seguridad. Técnicas de aseguramiento y material. Ediciones Desnivel, Madrid. 2007. 219 páginas. ISBN: 978-84-9829-093-6. Páginas 25-28

viernes, 8 de mayo de 2009

Consejos dietéticos para la montaña

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La alimentación y la hidratación son dos puntos muy importantes en la vida diaria y no deberían descuidarse en la montaña, donde los requerimientos son mayores.



Alimentación de montaña

Se suele invertir mucho tiempo en seleccionar el material para ir a la montaña, pero menos en seleccionar los alimentos que van a servir de combustible al organismo.

Sin embargo, alimentos y bebida son indispensables para el rendimiento, la fuerza y la resistencia.

La primera norma es conocida por todos: una alimentación rica y equilibrada.

El cuerpo no apreciará que se lo atiborre únicamente con glúcidos lentos (pasta, arroz, pan). Al contrario de lo que dice un adagio montañero, con un buen plato de pasta no es suficiente: el organismo necesita glúcidos, prótidos y lípidos en una proporción que, en montaña, es la siguiente:


La alimentación en montaña debe ser equilibrada: 60% de carbohidratos, 25% de grasas y 15% de proteínas, además de vitaminas y minerales.

Alrededor del 60% de glúcidos

Se trata de azúcares lentos como la pasta, el arroz, las patatas, el pan, los cereales (todo aquello que no tiene sabor azucarado) y los azúcares rápidos (azúcar, chocolate).

Los glúcidos rápidos son más eficaces en la urgencia porque proporcionan energía rápidamente, pero no se pueden almacenar; es como el fuego de paja, una combustión rápida y fugaz. Pasan a la sangre y si no se les utiliza se eliminan por la orina.

Por su parte, los glúcidos lentos se almacenan en los músculos y el hígado bajo la forma de cadena glucídica. De allí son liberados en función de las necesidades, por ejemplo durante un esfuerzo; ¡es como el fuego de leña!

Siempre hay que mezclar los azúcares rápidos y los lentos, porque ingerir únicamente azúcares rápidos puede provocar hipoglucemias reactivas. Esto es verdad sobre todo después del esfuerzo.

Una barra de cereales o una tartita de mermelada, por ejemplo, asocian los dos tipos de glúcidos.

Alrededor del 25% de lípidos

Las grasas animales saturadas son más difíciles de aprovechar, pero poseen características indispensables para el organismo.

La grasa vegetal insaturada, como el aceite de oliva, de girasol o de soja, tiene gran valor energético.

Lo ideal es repartir los dos tipos de aceites al 50%.

Los lípidos proporcionan mucha energía, siempre y cuando haya bastante oxígeno en la sangre. Como mejor se puede aprovechar este excelente recurso, que a largo plazo es más económico que los glúcidos, es haciendo esfuerzo duradero pero poco intenso. Hay que saber dosificarse bien el esfuerzo para evitar tener que quemar este combustible sin disponer de oxígeno. Ya que es cuestión de combustible, se podría asimilar los lípidos al gasóleo: no mucha potencia pero sí resistencia.

Alrededor del 15% de prótidos

Carne, huevo en polvo, leche en polvo, Gruyère, frutos secos, pescado.

En general es lo que se toma menos en montaña, pero es absolutamente necesario para mantener el equilibrio alimentario, ya que en cada categoría de alimentos tiene sus propias características.

Los prótidos limitan la consunción de los músculos y preservan la potencia muscular. Además participan en el almacenamiento de los glúcidos.


Requerimientos vitamínicos

Vitamina C
Para las estancias breves en montañas no hace falta tomarla.

En las marchas largas o los treks, un suplemento de vitamina C puede resultar útil, ya que esta vitamina es frágil e indispensable para el organismo. El cuerpo es incapaz de fabricarla y de almacenarla.

Habitualmente la proporcionan los productos frescos como las frutas (naranja, manzana, zanahoria) o las verduras, de las que no siempre se disp9one en la expedición o el trekking.

Un comprimido de 500 mg de vitamina C al día se recomienda para las estancias en altitud (en contra de lo que generalmente se cree, la vitamina C no altera el sueño).

Vitamina B
Interviene en el manejo de los glúcidos y permite utilizarlos en el esfuerzo. Se halla sobre todo en la cáscara de los cereales enteros (trigo, arroz).

Hierro
A las mujeres, que frecuentemente padecen de déficit de hierro durante las estancias largas en altitud, se les aconseja que tomen un preparado que lleva hierro, vitamina B12 y vitamina C.



Ración calórica

La ración calórica en montaña debe ser mayor que la propia de la vida urbana y sedentaria.

Una jornada normal en la ciudad requiere de 2,000 a 2,500 kcal, mientras que una actividad deportiva en montaña puede exigir el doble o incluso el triple.

Por ejemplo, en el campamento base de una expedición, en reposo, ya hay que prever un mínimo de 3,000 kcal por día.



Los frutos oleaginosos (nuez, avellana, oliva) que, además de una buena relación calidad/peso, contienen grasas insaturadas; los glúcidos, los prótidos y la vitamina B son alimentos particularmente interesantes en montaña.

Ración típica para una pequeña excursión de montaña media

•100 g de leche en polvo
•Leche de almendra
•5 barritas energéticas
•2 bolsitas de té o café
•200 g de arroz, pasta o sémola
•100 g de frutos secos
•2 bolsitas de azúcar
¡Atención! En altitud…

•La sensación de saciedad aparece antes que en la vida normal. Uno se lanza sobre el plato, pero le cuesta terminárselo.
•El sabor de los alimentos es distinto del que tienen normalmente; sobre todo el azúcar y la sal. Alimentos que no nos gustan en la llanura son devorados en la montaña, mientras que otros que habitualmente apreciamos son rechazados.
•Aunque las raciones suelen ser insuficientes, el aparato digestivo está perezoso y las absorbe mal.
No descuidar la calidad de los alimentos, si no quiere uno perder 10 kg en 15 días.



Hidratación

La norma fundamental es beber antes de que aparezca la sed. Cuando se tiene sed ya es demasiado tarde. Las células están en un déficit y han fabricado ya las toxinas que producen calambres. No beber suficientemente provoca dolores musculares durante los tres días siguientes.

La función principal del agua es enfriar el cuerpo evacuando el calor. Sólo un tercio del agua absorbida sirve para hacer funcionar la máquina permitiendo a los glúcidos transformarse en energía. En montaña se deshidrata uno mucho: por la transpiración, la hiperventilación y el aire seco. Se pierde el agua sin que nos demos cuenta de ello (20% de las pérdidas de agua en altitud tienen lugar a través de los pulmones).




Durante una excursión de 5 horas en montaña se pierde:

•2 litros de agua por el sudor y la respiración, a una temperatura de 20º C.
•2.5 litros de agua a una temperatura de 2.5º C.
•5 litros de agua a una temperatura de 35º C.
La falta de entrenamiento aumenta aún más estas pérdidas de agua.

¿Cómo beber? Lo ideal es fraccionar los aportes:

•Medio litro por la mañana antes de salir, y luego un cuarto de litro cada hora, sin pasar nunca de medio litro cada vez.
•No beber ni demasiado frío ni demasiado caliente.
•El agua con gas, que contiene bicarbonato se debe tomar por la tarde, después del esfuerzo. Es una bebida alcalina que neutraliza y evacúa las toxinas y los ácidos por el riñón.
•Un agua equilibrada y adecuada para el esfuerzo contiene en especial sales minerales que permiten una mejor digestión.
•Debe estar ligeramente azucarada para aportar energía rápida que se unirá a las energías lentas.

En el niño

Las pérdidas de agua son mayores y más rápidas en el niño porque éste consume más que el adulto en proporción a su masa muscular y posee una superficie de intercambio (piel) mayor en proporción a su masa corporal.

Además, el niño soporta mucho peor la deshidratación que los adultos.

•Debe beber cada media hora.
•Lo ideal es equiparlo con su propio “Camel back”.
•Nunca negarse a darle de beber cuando lo pide.

Receta:

Para una bebida sencilla, eficaz y barata

•Poner 50 g de azúcar por litro de agua (cuanto más calor haga, más falta hace diluir el azúcar; cuanto más frío haga, menos se diluye).
•Añadir un poco de zumo de naranja para que el sabor sea más agradable.
•Añadir una bolsita de sales minerales (el té contiene sus sales minerales) o incluso una pizca de sal con un limón.
•Algunos le añaden cafeína o una aspirina para estimular las energías.

lunes, 4 de mayo de 2009

Cintas de escalada con elástico: un peligro latente

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Muchos escaladores adoptaron el uso de elásticos para que los mosquetones no se movieran de la cinta y poder enmosquetonar la cuerda más rápidamente. Un accidente en Inglaterra llevó a Mark Reeves a analizar este sistema y el resultado es escalofriante.

Un accidente en Inglaterra llevó a Mark Reeves a colocar en su blog una advertencia sobre el uso de los elásticos en las cintas exprés que se utilizan en escalada. Es común que algunos escaladores utilicen elásticos para evitar que se muevan y poder enmosquetonar la cuerda más rápidamente. Pero el ejemplo ofrecido por Mark es contundente: bien puede ser que en un descuido ese pequeño elástico sea el motivo de un accidente.



Una cinta con un elástico (y acercamiento) para retener al mosquetón donde entrará la cuerda cuando se escale






Ahora, imagina que cuando están en tu mochila se tuercen y accidentalmente se enganchan dentro de ese mosquetón



Sacas el mosquetón de tu mochila y todo parece estar bien




Pero si miras del otro lado…




Todo lo que mantiene al mosquetón en su lugar es ese elástico, así que si jalas un poco la cinta, reventará instantáneamente.

¿No te pareció suficiente? Entonces mira el video. Analízalo. No necesitas saber inglés para entenderlo.

Safety Video - The Danger Of Open Slings from UKClimbing.com TV on Vimeo.

 

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