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jueves, 5 de noviembre de 2009

Tente Lagunilla extrae conclusiones tras su accidente escalando en Picos

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El alpinista e himalayista palentino Tente Lagunilla tuvo un accidente escalando en la Peña la Regaliz, en la Vega de Liordes. Una laja que desprendió el primero cayó sobre él, provocándole dos profundas heridas en cabeza y pierna. Tras conseguir rapelar hasta una gran repisa, pudieron ser evacuados por el helicóptero. Ya ha salido del hospital y extrae conclusiones.


Tente nos escribe para informarnos que ya ha salido del hospital en el que permanecía desde el día 18 de octubre, y escribe una crónica en la que relata lo sucedido y extrae las conclusiones adecuadas. No olvidemos que además de gran alpinista y conocido himalayista, Tente es profesor de la escuela castellano-leonesa de Alta Montaña, y pertenece desde hace muchos años al Grupo de Rescate y Salvamento de la Agencia de Protección Civil de la Junta de Castilla y León y trabaja como bombero, por lo que sus conclusiones y consejos son especialmente interesantes para todos.

“Dicen que los amigos son como los taxis; es difícil encontrarlos los días de lluvia. Si tener un accidente en montaña y terminar con un ojo a la virulé y una pierna fastidiada, se puede considerar un “día de lluvia” en la vida de uno, esta frase en mi caso no tiene ningún sentido, pues afortunadamente han sido cientos (y no exagero) los amigos que se han preocupado por mi.

Amigos que han ido a verme al hospital, amigos que llaman por teléfono, amigos que ponen correos, amigos que te ven en la calle, amigos que llaman a amigos para saber como estas, amigos que escriben en los foros, amigos, amigos, amigos… que hermosa palabra.

El pasado viernes ya me dieron el alta en el hospital y quería a través de estas líneas daros las gracias a cuantos os habéis interesado por mi estado durante estos días, pues es agradable no sentirse solo.

Ya lo he dicho alguna otra vez: no creo ser un ejemplo en casi nada y soy una persona de lo más normal, con mis defectos y virtudes repartidos de forma imprecisa, como la mayoría de los mortales, pero al ver estas muestras de cariño en los momentos difíciles pienso que no debo de ser muy mala persona, y de lo único que me arrepiento es de no corresponder a veces con el mismo entusiasmo esas muestras de amistad.



A continuación os contaré brevemente la peripecia del día del accidente, sobre todo con el ánimo de sacar unas conclusiones finales, de las cosas que hicimos bien y otras mal, que espero puedan servir a alguien. El domingo 18 de octubre, la previsión de la “meteo” era estupenda, y aunque los días ya son frescos y cortos nos animamos tres amigos (Kike, Alberto y yo mismo) a acercarnos a escalar alguna vía de la Peña la Regaliz, en la Vega de Liordes. A primera hora de la mañana estábamos al pie de la vía Divertimento. Una ruta tranquila, que ya había hecho hace un montón de años, no demasiado difícil ni vertical, pero prácticamente desequipada, por lo que hay que estar atento. Los largos se suceden sin ningún problema ni sobresalto, tan solo con la incomodidad y lentitud de los relevos al ser una cordada de tres. El tiempo es esplendido, pero a la sombra donde estamos, hace frío. A medio día estamos a dos largos de la cumbre. Yo he terminado un largo y monto reunión en una cómoda repisa con dos estupendos anillos de cuerda en unos puentes de roca a prueba de bombas unidos por un equalette que me queda de lo más “aparente”. El siguiente largo, el penúltimo, le toca de primero a Kike. Le pasamos el material y tira para arriba con la ilusión de que en un rato estaremos los tres en la cumbre al solito, disfrutando de las vistas. Mete un empotrador, aprovecha un clavo, mas adelante laza un puente de roca y a 15 m. de la reunión un friend. El largo es rectilíneo y tenemos a Kike encima de nosotros. En la reunión yo estoy asegurándole con un reverso y doble cuerda, autoasegurado bastante en corto a dicha reunión. A mi lado, Alberto charla conmigo y tiene un poco mas de cuerda en su autoseguro. Cuando Kike esta cinco o seis metros por encima del ultimo friend, y está agarrado con sus dos manos a una enorme laja, ésta se desprende.

Todo ocurre en fracciones de segundo. Kike y los bloques de piedra caen hacia nosotros. En un instante me doy cuenta que no tengo ni 50 cm, de margen de movimiento y además tengo las manos ocupadas, imposible huir de las piedras. Cierro las manos sobre las cuerdas y me acurruco contra la pared intentando poner la cabeza a cubierto. Alberto al menos tiene las manos libres y algo más de cuerda, se aparta a un lado todo lo que puede con la esperanza de no ser alcanzado por las piedras.

Cuando me quiero dar cuenta estoy hecho un ovillo con las manos crispadas sobre la cuerda y un dolor de muerte en el muslo derecho. Pienso que tengo la pierna partida, pero veo que la puedo mover ligeramente. Grito a Kike para saber si le puedo dar cuerda y me contesta que ya está de nuevo agarrado a la roca, puedo soltar algo de cuerda.



En unos segundos mis compañeros toman la iniciativa y al rato estamos los tres en la reunión, haciendo inventario de daños. Kike, tiene golpes y contusiones en los tobillos, manos, culo, pero ninguno de gravedad. Ha quedado colgando de ese ultimo friend salvador, con la suerte de que la cuerda que pasaba por él está intacta, no así la otra que una piedra ha cortado limpiamente. Alberto ha recibido una piedra en todo lo alto del casco y se lo ha partido en dos, haciéndole una pequeña brecha en el cuero cabelludo. Le duele el cuello. Yo soy el peor parado, al meterme contra la pared, me he golpeado en un ojo y tengo una brecha en el parpado que sangra abundantemente. Varias piedras me han golpeado la espalda y me duele el omoplato derecho, pero lo más grave es la herida de la pierna que sangra empapándome el pantalón, calcetín y pie de gato.

No hay cobertura de móvil. La cosa no pinta bien pero tampoco estamos muy desesperados, hay que rapelar para salir de aquí.

Hacemos dos rápeles hasta la repisa que corta la pared a media altura. Para estos rápeles tenemos que realizar una sencilla maniobra de autorrescate, pues una de las dos cuerdas esta cortada y tenemos que unirla con un nudo. Yo podía haberme quedado en la repisa esperando ayuda, pero hace frío y mientras puedo prefiero seguir moviéndome, así que hago esos dos rápeles y luego destrepo hasta llegar a un cómodo lugar en la gran repisa. Todo eso con la pierna y el ojo sangrando “más que ligeramente”.

Ya en la vega, Alberto encuentra cobertura y avisa al 112, dando nuestra posición y explicando más o menos lo que pasa. Cuando regresa a donde yo estoy y me dice que ya ha dado aviso, ya me relajo. Todo es cuestión de esperar, pues el tiempo sigue esplendido y tenemos bastantes horas de luz hasta el ocaso.

Esperando al rescate, me decido a mirarme la herida del muslo. Menos mal que no me la mire arriba, pues si la veo no doy ni un paso. La “cornada” es de preocupar y lo único que podemos hacer es taponarla con un “buf” limpio y comprimirlo todo con vendaje apretado.



Después todo se sucede muy rápido. Llega el helicóptero, bajan los rescatadores, me inmovilizan la pierna y nos sacan de dos viajes hasta Cordiñanes donde espera el helicoptero sanitario y una ambulancia.

Moraleja:

El casco yo no me lo quito ni para escalada deportiva.
A los tres nos salvo el casco, especialmente a Alberto que con toda seguridad estaría muerto si no es por el.

Es una locura escalar en montaña con cuerda simple. Siempre doble cuerda aunque sean de las modernas finas y ligeras.
Esta vía es susceptible de escalar con cuerda simple, pues no se rapela, pero a pesar de todo nosotros íbamos en doble lo que salvo a Kike. Además tuvo la suerte de que la cuerda que se partió fue la que no pasaba por el último seguro, lo cual redujo la caída al mínimo.

Siempre que sea posible hay que intentar montar las reuniones fuera de la vertical de la trayectoria del largo, sobre todo en las canales, corredores, etc.
Dos metros por encima de donde monte la reunión había un lugar igual de bueno y más protegido.

Siempre hay que llevar algo de botiquín.
Nosotros no llevábamos nada. Cagada, aunque supimos improvisar.

Hay que estar al día en temas de autorrescate.
La maniobra que nosotros necesitamos es de las mas sencillas, pero siendo esté un tema que me apasiona veo que el autorrescate es la “asignatura pendiente” de casi todos los escaladores."


Página web de Tente: http://www.arasdelcielo.com

www.barrabes.com
http://www.barrabes.com/revista/articulo.asp?idArticulo=6392

miércoles, 29 de julio de 2009

Anillo Ventral/Cinta de Seguridad

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El anillo de aseguramiento de un arnés sigue siendo el gran desconocido para muchos escaladores. Sus múltiples posibilidades y los inquietantes resultados de unas recientes pruebas de laboratorio nos obligan a cuestionarnos si lo estamos empleando correctamente.

¿Son fiables?

Desde que en 1978 el fabricante inglés Troll añadiese a sus arneses el primer anillo ventral de la historia, una nueva duda se introdujo en el mudo de la escalada ¿era para asegurar al primero o simplemente para rapelar?

Y ya que nos ponemos en plan preguntón ¿cuánto aguanta, menos que el resto del arnés o más? ¿200 o 2.000 kp?

Muy pocos fabricantes han facilitado hasta el momento ese dato, pero gracias a las recientes normas CE ya sabemos que como mínimo tiene que soportar 1.500 kp cuando está por estrenar. Bien. Pero esa cifra tranquilizadora no lo es tanto según unas pruebas realizadas a finales de 1998 por Emanuele Pellizzari, uno de los mejores especialistas europeos de material de montaña, en el laboratorio de Schio Vicenza.

Los resultados que ha obtenido se muestran muy interesantes: todos los anillos nuevos analizados fluctuaban entre los 1.575 y los 2.500 kp (cumplían por tanto la normativa) pero con sólo 2 o 3 años de uso podían bajar en ocasiones hasta los ridículos 700 kp. Con los arneses en sí no parece haber una merma tan drástica: llegan a los 1.200 -1.700 kp.

Aunque existe en el mercado algún que otro anillo de rápel bastante más fuerte -¡nuevo 3.200 kp!- que posiblemente envejezca mejor, lo cierto es que la mayoría de las firmas ofrecen una seguridad limitada en el tiempo. ¿Y qué podemos hacer ante tamaña incertidumbre?, sencillo: superponer otro anillo que obviamente tendrá que ser anudado.

Cómo encontrar una solución sencilla y eficaz
La superposición de otro anillo no pretende ser alarmista. No afirmamos que todos los anillos aguanten poco en el tiempo, si no que ante la duda y si nuestro arnés supera un año de uso medio (todos los fines de semana) parece razonable añadir un buen cordino.

¿Y por qué no una cinta? pues simplemente para no aumentar en exceso el diámetro del conjunto, lo que redundaría en un mayor volumen y en un sobresfuerzo innecesario del mosquetón de seguridad.

Una solución interesante puede ser el confeccionar el anillo con un cordino de reducido diámetro y alta resistencia, o sea de Kevlar o Dyneema. En 5,5 mm ofrecen entre 1.300 y 1.800 kp, por menos de 600 ptas./metro. 85 cm bastarán.

Aunque el Dyneema resulta más flexible y anudable, todavía existen partidarios del Kevlar que habrán de rematar los cabos de forma diferente a la practicada con los cordinos convencionales o el citado Dyneema.

El anillo en sí...

Sea de Kevlar o de Dyneema, el anillo debe cerrarse con un nudo especial. El más recomendable es el triple pescador, porque con los nudos habituales (ocho por chicote, doble pescador, etc.) existe riesgo de deslizamiento baja una carga elevada.

Tendremos así un aro de unos 20 cm de perímetro que colocaremos en idéntica posición que el anillo original del arnés. Posteriormente deberemos colgarnos sólo del anillo de cordino para apretar a fondo el nudo; bastará con anclarnos un momento a la primera chapa de una vía por ejemplo.

Conviene recordar que en aquellos modelos con anillo cosido de más de 20 mm de ancho, se debe emplear siempre mosquetones robustos, que superen los 2.500 kp y lo suficientemente amplios como para que no interfieran con el nudo del cordino.

Aseguramiento al primero

1) El freno está anclado directamente al anillo. De esta forma mosquetón, dispositivo de aseguramiento y anillo trabajan sin trabas y se orientan de manera idónea en caso de caída.

2) El asegurador desconfía de su anillo y piensa que dos puntos de anclaje, pernera y cintura, son más seguros que uno solo (el anillo). Cierto, pero peligroso en este caso.

El mosquetón no puede trabajar sin trabas y la acumulación de cintas tan anchas perpendiculares entre sí genera una solicitación triaxial. Con caídas pequeñas no existe peligro pero en vuelos serios puede partirse, tal y como ocurrió mortalmente dos veces durante 1998 en Inglaterra. Si el propietario del arnés desconfía del anillo tiene dos opciones mucho mejores que mosquetonear a pernera y cintura: añadir el cordino cómo se ha descrito con anterioridad o comprar un arnés nuevo!

3) Resulta evidente que una cuerda simple aguanta más que el propio anillo. Por dicho motivo el asegurador ancla el freno a su propio encordamiento, desconociendo que el nudo de ocho trabajando en esa posición puede deshacerse bajo una fuerte carga.

¿Y en top-rope?

En vías de descuelgue es frecuente ver a alguien que asciende en top-rope encordado a un mosquetón. Constituye una forma rápida y suficientemente segura sólo si se observan algunas precauciones:

» Obviamente hay que utilizar un mosquetón de seguridad. Para esta maniobra deben evitarse los de cierre automático, pues pueden abrirse al rotar contra la ropa del escalador o

contra la propia piedra en una caída de tipo pendular.

» Preferiremos el empleo de dos mosquetones de rosca clásica con los cierres contrapeados o de uno solo de doble seguro (automático + bayoneta) o bayoneta simple.

» No utilizar nunca el encordamiento sobre mosquetón para escalar de primero o para ir de segundo en vías con travesías o de pared. Sin embargo resulta interesante para reencordarnos cuando nos bajamos sobre un descuelgue que no se abre.

Pequeños consejos

» No forrar el anillo con cinta para prevenir el desgaste, pues su adhesivo puede dañar la poliamida o poliéster. El problema de superponer de forma casera cualquier otro protector estriba en que el estado del anillo no es comprobable a simple vista.

» Cada varios meses podemos volver sobre sí mismo el anillo para que no sean siempre las mismas costuras las que estén expuestas exteriormente al rozamiento.

» Si un arnés no es eterno, su anillo ventral menos. Tres años para un modelo empleado todos los fines de semana, y cinco para uno utilizado ocasionalmente es un límite razonable. La práctica de la escalada deportiva desgasta más el anillo que la escalada clásica, pues se usa continuamente para descolgar a un compañero mientras trabaja una vía o detener varias caídas seguidas.

Fuente: Desnivel

 

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