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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Picos inescalados en el Himalaya

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El explorador japonés Tamotsu Nakamura acaba de regresar de una exploración en el Himalaya. En un reporte preliminar presenta fotografías de montañas no escaladas e incluso algunas no conocidas por los europeos. Es una especie de invitación.

Durante siglos, la cordillera del Himalaya fue un lugar muy remoto para la civilización occidental. Los primeros en adentrarse se encontraron con montañas gigantescas, con grandes valles y ríos muy caudalosos. Los primeros exploradores europeos quedaron maravillados de ese mundo y comprendieron que no era para todos.

Ruta seguida durante la exploración.Fotos: archivo Tamotsu NakamuraHaz click en las imáganes para agrandarlas.

Pero el tiempo cambió y en lugar de ser montañistas quienes asediaban las montañas, llegaron los turistas, el montañismo masificado a la gran cordillera. Incluso se ha pensado que después de conquistados los ochomiles de la cordillera, no había montaña digna de ser tomada en cuenta. Quizá se había olvidado lo esencial del montañismo: estar en algún lugar por primera vez. Y la cordillera es tan grande que hay grandes zonas que no se conocen del todo bien.

De entre todos, el japonés Tamotsu Nakamura se ha distinguido por ser un gran explorador de la gran cordillera, al estilo de Eric Shipton. Esta vez ha regresado de una exploración en las montañas del Tíbet Oriental y en un reporte “preliminar” presenta fotografías de varias montañas que no se han escalado aún.


Caras oriental y norte del Jonlamapo (6,605 metros).
Foto: Tamotsu Nakamura.

Regresé a casa del Tíbet el 17 de noviembre del 2009, después de cinco semanas y 4,800 kilómetros explorando picos y glaciares desconocidos en Nyaiqentanglha Oriental y Kangri Garpo. El viaje fue totalmente satisfactorio y encantador a pesar del control muy estricto por la oficina de seguridad pública hacia los extranjeros que entran en áreas prohibidas fuera de la carretera principal Sichuan-Tibet. Nuestro guía tibetano fue muy capaz y útil al negociar con los oficiales, llevando a la expedición al éxito. Afortunadamente, como el cielo azul me recibió dondequiera que fuéramos, pude tomar una gran cantidad de fotografías de los nuevos picos y glaciares, noticias e historias. Exploramos tres valles no frecuentados en Nyaiqentanglha Oriental y Kangri Garpo. Dos de ellos eran desconocidos a los extranjeros desde los exploradores de principios del siglo XX y en uno fuimos los primeros visitantes extranjeros.

Este mapa de ruta y estas fotos son una selección rápida. Daré a conocer información más detallada pronto.


Cara norte del Delupora III (6,140).


Cara norte del Gara (6,260).


Cara norte del Nenang (6,870).


Cara norte del Yuri II (6,108).


Cara norte de un pico no nombrado (alrededor de 5,700)


Cara sur de un pico no nombrado (6,001).


Cara oeste del Dinpernalason (6,135).


Cara oeste del Yuri I (6,100).

Fuente:
Montañismo y exploración
http://montanismo.org/articulos.php?id_sec=7&id_art=2884&num_page=7122

jueves, 3 de diciembre de 2009

Adiós a Lino Lacedelli, el arrepentido

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A la edad de 83 años, falleció el "conquistador" del K2, que tras más de medio siglo de silencio sobre la polémica ascensión, reveló que las críticas a Walter Bonatti habían sido injustas.

EL 31 de julio de 1954, a las 7 de la mañana, Achille Compagnoni, de 39 años, y Lino Lacedelli, de 28, salen de su minúscula tienda. Son las dos personas que en ese mismo instante están a mayor altura sobre la faz de tierra, a 8.130 metros en las laderas del K2 (8.611 metros). Se colocan los crampones, cogen las mascarillas de oxígeno, los reguladores e inician la marcha. Pero no parten hacía la cumbre, todavía no. Efectúan una peligrosa travesía ligeramente descendente hacia su derecha, que les lleva al punto exacto en el que el día anterior dos de sus compañeros de expedición han depositado el combustible sin el cual les sería imposible ascender a la segunda cumbre más alta del planeta: las bombonas con el oxígeno.


El cielo está parcialmente cubierto pero, pese a la niebla, la cordada italiana divisa el preciado tesoro: dos bombonas cargadas hasta los topes. Las conectan a los reguladores, se ajustan las mascarillas y, penosamente, comienzan a ascender desde los 8.100 metros de altitud en que se encuentran. Son las 8 y media de la mañana del 31 de julio.

las 18.00, hora local de Nepal, tras 9 horas y media de ascensión, el primer ser humano pisa la hasta entonces virgen cumbre del K2. En la cumbre, Compagnoni y Lacedelli lloran y se abrazan, conscientes de que a partir de ese día su país los aclamará como a unos héroes, de igual manera que los británicos han colmado de gloria a Hillary y Tenzing por su ascenso al Everest, los franceses a Herzog y Lachenal por su gesta en el Annapurna o los alemanes y austríacos a Herman Buhl por su cima en el Nanga Parbat. En efecto, cuando el 3 de agosto la noticia llega a Italia el país estalla de júbilo. El K2, la montaña de los italianos y del Duque de los Abruzzos, "ha caído".

En el campo base, pese a las congelaciones sufridas por ambos, todo es alegría y plenitud y el líder táctico de la expedición, el casi sexagenario Ardito Desio, felicita entusiasta a los 11 hombres y a los más de 10 hunzas -habitantes del valle de Hunza, en Pakistán- que han colaborado en la gesta, costeada y diseñada por el Club Alpino Italiano (CAI), el más antiguo, prestigioso y respetado de Italia.

A su regreso a Italia, Desio relata la historia en el famoso libro La conquista del K2. A pesar de la trágica muerte de Mario Puchoz semana y media antes del día de cumbre a causa de un edema pulmonar, el relato de Desio, que supone el testimonio oficial que quedará para la historia, rezuma heroicidad, esfuerzo, compañerismo y, finalmente, gloria, incluyendo el dato de que Compagnoni y Lacedelli llegan a la cumbre a pesar de que a 8.400 metros se les había terminado el oxígeno. En una Europa que aún sufre las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y en la que las expediciones al Himalaya son tratadas casi como cuestiones de Estado, Italia puede estar tranquila: ya tiene sus héroes y éstos ya tienen la cumbre del K2.



La otra versión

Walter Bonatti estalla

En medio de tanto festejo, un joven de 24 años que también ha formado parte del grupo del K2, Walter Bonatti, calla. Calla, calla y calla. Y mata su desazón encadenando una tras otra ascensiones de vértigo que le convierten en apenas unos años en el alpinista más destacado de los 50 y de la historia.



Pero en 1961, 7 años después de lograda la cumbre del K2, ya no puede más. Estalla. Publica un libro -Mis montañas- donde niega las posteriores acusaciones de Compagnoni y da su versión del ascenso al K2. Compagnoni acusaba a Bonatti y al hunza Mahdi, los encargados de llevar las bombonas de oxígeno a 8.100 metros, de respirar parte de ese oxígeno la noche del 30 al 31 de julio, en la que Bonatti y Mahdi tuvieron que vivaquear al raso porque no encontraron la tienda de Compagnoni y Lacedelli. Y que por eso se les acabó a ellos a 8.400 metros, a 200 metros de la cumbre. Y también que las intenciones de Bonatti eran ir a la cumbre gracias a ese oxígeno que estaba destinado a Compagnoni y Lacedelli.

En 1985, Bonatti vuelve a defenderse. Publica Proceso al K2, en el que ofrece una versión aún más prolija en detalles y en la que sólo solicita que se limpie su nombre, que el Club Alpino Italiano reconozca que las acusaciones de Compagnoni son falsas y que se dicte una versión oficial final donde quede claro que ni usó el oxígeno la noche que casi muere con Mahdi a 8.100 metros a cielo abierto, ni tuvo intención de ir ese día hacia la cumbre en detrimento de sus compañeros y que, por último, el oxígeno se les terminó a Lacedelli y Compagnoni ya en la cumbre. El resultado: silencio, silencio y las palabras de Ardito Desio, por entonces cercano a los 90 años: "Toda y la única la verdad está en mi libro".

Una fotografía

La verdad es antigua


A miles de kilómetros de distancia de Italia, una mañana de 1993, un cirujano australiano aficionado al alpinismo, Robert Marshall está ojeando una vieja revista suiza de 1955 traducida al inglés -Berge der Welt- que acaba de localizar y en la que figura un amplio reportaje dedicado al primer ascenso del K2. Asombrado, casi sin poder creérselo, se fija en una fotografía inédita hasta entonces y que el informe oficial había desechado: Compagnoni en la cima del K2 con la mascarilla de oxígeno puesta y ésta conectada al tubo de goma que llega hasta la bombona.



Inmediatamente, Marshall se pone a localizar a Bonatti y cuando logra contactar con él, le ofrece sus nuevos descubrimientos. Bonatti reescribe su libro, en el que apenas varía nada de lo que antes había expuesto, pero en el que sí se añaden las preciosas imágenes que atestiguan todo lo que lleva clamando durante décadas. El resultado es K2. Historia de un caso (1995). Resumiendo, los hechos son estos:

Compagnoni y Lacedelli llegaron a la cima respirando el oxígeno que el día anterior dejaron Bonatti y Mahdi a 8.100 metros. Si se hubiese acabado a 8.400 metros, ¿qué sentido tenía cargar hasta la cima con los kilos que pesaba cada bombona?

Bonatti y Mahdi no pudieron usar oxígeno porque no tenían ni máscaras ni reguladores.

Bonatti y Mahdi no encontraron la tienda de Lacedelli y Compagnoni porque éstos la habían colocado 150 metros más arriba de lo previsto y bastante más a la izquierda. Compagnoni y Lacedelli lo hicieron precisamente para que Bonatti no se uniera al grupo de cima.

Compagnoni y Lacedelli no se ofrecieron a ayudar a Bonatti y Mahdi pese a que oyeron sus gritos la noche del 30 al 31 de julio y sabían que tendrían que vivaquear. Mahdi sufrió amputaciones en dedos de manos y pies; Bonatti, milagrosamente, salió ileso.

La reacción en 1995 de Compagnoni, Lacedelli, Desio y el Club Alpino Italiano es ésta: silencio. En 2001, a los 104 años, muere Ardito Desio. En mayo de 2009, a los 94 años, muere Achille Compagnoni. El pasado viernes, día 20 de noviembre, a los 83 años, muere Lino Lacedelli. Los dos primeros jamás reconocieron la verdad. Lacedelli lo hizo en 2004, en su libro K2. El precio de la conquista, lo que obligó al Club Alpino Italiano a reescribir la historia oficial. Lo hizo en abril de 2008 -casi 54 años después de la noche en que Bonatti y Mahdi debieron morir en el K2-. Bonatti comentó tras el informe del CAI que valoraba el gesto. Sin embargo, cuando en 2004 leyó el libro de Lacedelli, sus palabras fueron: "Demasiado tarde". No quería fama, ni dinero, ni las ventajas que algunos creen obtener de ser considerado y vitoreado. Quería recuperar la fe en los hombres que le habían quitado cuando sólo tenía 24 años.
noticias de Navarra

domingo, 29 de noviembre de 2009

Entrevista a Sebastián Álvaro

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Videos del canal de televisión de Internet Televeo, en que se entrevista a Sebastian Álvaro director de el programa de Radio Televisión Española, Al filo de lo Imposible. En esta entrevista que no nos podemos perder...

Apretar sobre los enlaces para poder ver los videos:

Video 1º http://www.televeo.com/?channel=al_filo#Entrevista-a-Sebastian-Alvaro-I

Video 2º http://www.televeo.com/?channel=al_filo#Entrevista-a-Sebastian-Alvaro-II

jueves, 26 de noviembre de 2009

Homenaje a Walter Bonatti, un mito viviente del alpinismo.

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Homenaje a Walter Bonatti, un mito viviente del alpinismo del programa Al filo de lo imposible, no hay que perdérselo, apretar sobre el enlace para verlo.

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20091122/filo-imposible--reconstruccion/634246.shtml?s1=programas&s2=&s3=&s4

jueves, 5 de noviembre de 2009

Tente Lagunilla extrae conclusiones tras su accidente escalando en Picos

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El alpinista e himalayista palentino Tente Lagunilla tuvo un accidente escalando en la Peña la Regaliz, en la Vega de Liordes. Una laja que desprendió el primero cayó sobre él, provocándole dos profundas heridas en cabeza y pierna. Tras conseguir rapelar hasta una gran repisa, pudieron ser evacuados por el helicóptero. Ya ha salido del hospital y extrae conclusiones.


Tente nos escribe para informarnos que ya ha salido del hospital en el que permanecía desde el día 18 de octubre, y escribe una crónica en la que relata lo sucedido y extrae las conclusiones adecuadas. No olvidemos que además de gran alpinista y conocido himalayista, Tente es profesor de la escuela castellano-leonesa de Alta Montaña, y pertenece desde hace muchos años al Grupo de Rescate y Salvamento de la Agencia de Protección Civil de la Junta de Castilla y León y trabaja como bombero, por lo que sus conclusiones y consejos son especialmente interesantes para todos.

“Dicen que los amigos son como los taxis; es difícil encontrarlos los días de lluvia. Si tener un accidente en montaña y terminar con un ojo a la virulé y una pierna fastidiada, se puede considerar un “día de lluvia” en la vida de uno, esta frase en mi caso no tiene ningún sentido, pues afortunadamente han sido cientos (y no exagero) los amigos que se han preocupado por mi.

Amigos que han ido a verme al hospital, amigos que llaman por teléfono, amigos que ponen correos, amigos que te ven en la calle, amigos que llaman a amigos para saber como estas, amigos que escriben en los foros, amigos, amigos, amigos… que hermosa palabra.

El pasado viernes ya me dieron el alta en el hospital y quería a través de estas líneas daros las gracias a cuantos os habéis interesado por mi estado durante estos días, pues es agradable no sentirse solo.

Ya lo he dicho alguna otra vez: no creo ser un ejemplo en casi nada y soy una persona de lo más normal, con mis defectos y virtudes repartidos de forma imprecisa, como la mayoría de los mortales, pero al ver estas muestras de cariño en los momentos difíciles pienso que no debo de ser muy mala persona, y de lo único que me arrepiento es de no corresponder a veces con el mismo entusiasmo esas muestras de amistad.



A continuación os contaré brevemente la peripecia del día del accidente, sobre todo con el ánimo de sacar unas conclusiones finales, de las cosas que hicimos bien y otras mal, que espero puedan servir a alguien. El domingo 18 de octubre, la previsión de la “meteo” era estupenda, y aunque los días ya son frescos y cortos nos animamos tres amigos (Kike, Alberto y yo mismo) a acercarnos a escalar alguna vía de la Peña la Regaliz, en la Vega de Liordes. A primera hora de la mañana estábamos al pie de la vía Divertimento. Una ruta tranquila, que ya había hecho hace un montón de años, no demasiado difícil ni vertical, pero prácticamente desequipada, por lo que hay que estar atento. Los largos se suceden sin ningún problema ni sobresalto, tan solo con la incomodidad y lentitud de los relevos al ser una cordada de tres. El tiempo es esplendido, pero a la sombra donde estamos, hace frío. A medio día estamos a dos largos de la cumbre. Yo he terminado un largo y monto reunión en una cómoda repisa con dos estupendos anillos de cuerda en unos puentes de roca a prueba de bombas unidos por un equalette que me queda de lo más “aparente”. El siguiente largo, el penúltimo, le toca de primero a Kike. Le pasamos el material y tira para arriba con la ilusión de que en un rato estaremos los tres en la cumbre al solito, disfrutando de las vistas. Mete un empotrador, aprovecha un clavo, mas adelante laza un puente de roca y a 15 m. de la reunión un friend. El largo es rectilíneo y tenemos a Kike encima de nosotros. En la reunión yo estoy asegurándole con un reverso y doble cuerda, autoasegurado bastante en corto a dicha reunión. A mi lado, Alberto charla conmigo y tiene un poco mas de cuerda en su autoseguro. Cuando Kike esta cinco o seis metros por encima del ultimo friend, y está agarrado con sus dos manos a una enorme laja, ésta se desprende.

Todo ocurre en fracciones de segundo. Kike y los bloques de piedra caen hacia nosotros. En un instante me doy cuenta que no tengo ni 50 cm, de margen de movimiento y además tengo las manos ocupadas, imposible huir de las piedras. Cierro las manos sobre las cuerdas y me acurruco contra la pared intentando poner la cabeza a cubierto. Alberto al menos tiene las manos libres y algo más de cuerda, se aparta a un lado todo lo que puede con la esperanza de no ser alcanzado por las piedras.

Cuando me quiero dar cuenta estoy hecho un ovillo con las manos crispadas sobre la cuerda y un dolor de muerte en el muslo derecho. Pienso que tengo la pierna partida, pero veo que la puedo mover ligeramente. Grito a Kike para saber si le puedo dar cuerda y me contesta que ya está de nuevo agarrado a la roca, puedo soltar algo de cuerda.



En unos segundos mis compañeros toman la iniciativa y al rato estamos los tres en la reunión, haciendo inventario de daños. Kike, tiene golpes y contusiones en los tobillos, manos, culo, pero ninguno de gravedad. Ha quedado colgando de ese ultimo friend salvador, con la suerte de que la cuerda que pasaba por él está intacta, no así la otra que una piedra ha cortado limpiamente. Alberto ha recibido una piedra en todo lo alto del casco y se lo ha partido en dos, haciéndole una pequeña brecha en el cuero cabelludo. Le duele el cuello. Yo soy el peor parado, al meterme contra la pared, me he golpeado en un ojo y tengo una brecha en el parpado que sangra abundantemente. Varias piedras me han golpeado la espalda y me duele el omoplato derecho, pero lo más grave es la herida de la pierna que sangra empapándome el pantalón, calcetín y pie de gato.

No hay cobertura de móvil. La cosa no pinta bien pero tampoco estamos muy desesperados, hay que rapelar para salir de aquí.

Hacemos dos rápeles hasta la repisa que corta la pared a media altura. Para estos rápeles tenemos que realizar una sencilla maniobra de autorrescate, pues una de las dos cuerdas esta cortada y tenemos que unirla con un nudo. Yo podía haberme quedado en la repisa esperando ayuda, pero hace frío y mientras puedo prefiero seguir moviéndome, así que hago esos dos rápeles y luego destrepo hasta llegar a un cómodo lugar en la gran repisa. Todo eso con la pierna y el ojo sangrando “más que ligeramente”.

Ya en la vega, Alberto encuentra cobertura y avisa al 112, dando nuestra posición y explicando más o menos lo que pasa. Cuando regresa a donde yo estoy y me dice que ya ha dado aviso, ya me relajo. Todo es cuestión de esperar, pues el tiempo sigue esplendido y tenemos bastantes horas de luz hasta el ocaso.

Esperando al rescate, me decido a mirarme la herida del muslo. Menos mal que no me la mire arriba, pues si la veo no doy ni un paso. La “cornada” es de preocupar y lo único que podemos hacer es taponarla con un “buf” limpio y comprimirlo todo con vendaje apretado.



Después todo se sucede muy rápido. Llega el helicóptero, bajan los rescatadores, me inmovilizan la pierna y nos sacan de dos viajes hasta Cordiñanes donde espera el helicoptero sanitario y una ambulancia.

Moraleja:

El casco yo no me lo quito ni para escalada deportiva.
A los tres nos salvo el casco, especialmente a Alberto que con toda seguridad estaría muerto si no es por el.

Es una locura escalar en montaña con cuerda simple. Siempre doble cuerda aunque sean de las modernas finas y ligeras.
Esta vía es susceptible de escalar con cuerda simple, pues no se rapela, pero a pesar de todo nosotros íbamos en doble lo que salvo a Kike. Además tuvo la suerte de que la cuerda que se partió fue la que no pasaba por el último seguro, lo cual redujo la caída al mínimo.

Siempre que sea posible hay que intentar montar las reuniones fuera de la vertical de la trayectoria del largo, sobre todo en las canales, corredores, etc.
Dos metros por encima de donde monte la reunión había un lugar igual de bueno y más protegido.

Siempre hay que llevar algo de botiquín.
Nosotros no llevábamos nada. Cagada, aunque supimos improvisar.

Hay que estar al día en temas de autorrescate.
La maniobra que nosotros necesitamos es de las mas sencillas, pero siendo esté un tema que me apasiona veo que el autorrescate es la “asignatura pendiente” de casi todos los escaladores."


Página web de Tente: http://www.arasdelcielo.com

www.barrabes.com
http://www.barrabes.com/revista/articulo.asp?idArticulo=6392

domingo, 20 de septiembre de 2009

Seguridad en el Rappel.

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sábado, 13 de diciembre de 2008

Historias de la montaña...

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