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jueves, 5 de noviembre de 2009

Tente Lagunilla extrae conclusiones tras su accidente escalando en Picos

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El alpinista e himalayista palentino Tente Lagunilla tuvo un accidente escalando en la Peña la Regaliz, en la Vega de Liordes. Una laja que desprendió el primero cayó sobre él, provocándole dos profundas heridas en cabeza y pierna. Tras conseguir rapelar hasta una gran repisa, pudieron ser evacuados por el helicóptero. Ya ha salido del hospital y extrae conclusiones.


Tente nos escribe para informarnos que ya ha salido del hospital en el que permanecía desde el día 18 de octubre, y escribe una crónica en la que relata lo sucedido y extrae las conclusiones adecuadas. No olvidemos que además de gran alpinista y conocido himalayista, Tente es profesor de la escuela castellano-leonesa de Alta Montaña, y pertenece desde hace muchos años al Grupo de Rescate y Salvamento de la Agencia de Protección Civil de la Junta de Castilla y León y trabaja como bombero, por lo que sus conclusiones y consejos son especialmente interesantes para todos.

“Dicen que los amigos son como los taxis; es difícil encontrarlos los días de lluvia. Si tener un accidente en montaña y terminar con un ojo a la virulé y una pierna fastidiada, se puede considerar un “día de lluvia” en la vida de uno, esta frase en mi caso no tiene ningún sentido, pues afortunadamente han sido cientos (y no exagero) los amigos que se han preocupado por mi.

Amigos que han ido a verme al hospital, amigos que llaman por teléfono, amigos que ponen correos, amigos que te ven en la calle, amigos que llaman a amigos para saber como estas, amigos que escriben en los foros, amigos, amigos, amigos… que hermosa palabra.

El pasado viernes ya me dieron el alta en el hospital y quería a través de estas líneas daros las gracias a cuantos os habéis interesado por mi estado durante estos días, pues es agradable no sentirse solo.

Ya lo he dicho alguna otra vez: no creo ser un ejemplo en casi nada y soy una persona de lo más normal, con mis defectos y virtudes repartidos de forma imprecisa, como la mayoría de los mortales, pero al ver estas muestras de cariño en los momentos difíciles pienso que no debo de ser muy mala persona, y de lo único que me arrepiento es de no corresponder a veces con el mismo entusiasmo esas muestras de amistad.



A continuación os contaré brevemente la peripecia del día del accidente, sobre todo con el ánimo de sacar unas conclusiones finales, de las cosas que hicimos bien y otras mal, que espero puedan servir a alguien. El domingo 18 de octubre, la previsión de la “meteo” era estupenda, y aunque los días ya son frescos y cortos nos animamos tres amigos (Kike, Alberto y yo mismo) a acercarnos a escalar alguna vía de la Peña la Regaliz, en la Vega de Liordes. A primera hora de la mañana estábamos al pie de la vía Divertimento. Una ruta tranquila, que ya había hecho hace un montón de años, no demasiado difícil ni vertical, pero prácticamente desequipada, por lo que hay que estar atento. Los largos se suceden sin ningún problema ni sobresalto, tan solo con la incomodidad y lentitud de los relevos al ser una cordada de tres. El tiempo es esplendido, pero a la sombra donde estamos, hace frío. A medio día estamos a dos largos de la cumbre. Yo he terminado un largo y monto reunión en una cómoda repisa con dos estupendos anillos de cuerda en unos puentes de roca a prueba de bombas unidos por un equalette que me queda de lo más “aparente”. El siguiente largo, el penúltimo, le toca de primero a Kike. Le pasamos el material y tira para arriba con la ilusión de que en un rato estaremos los tres en la cumbre al solito, disfrutando de las vistas. Mete un empotrador, aprovecha un clavo, mas adelante laza un puente de roca y a 15 m. de la reunión un friend. El largo es rectilíneo y tenemos a Kike encima de nosotros. En la reunión yo estoy asegurándole con un reverso y doble cuerda, autoasegurado bastante en corto a dicha reunión. A mi lado, Alberto charla conmigo y tiene un poco mas de cuerda en su autoseguro. Cuando Kike esta cinco o seis metros por encima del ultimo friend, y está agarrado con sus dos manos a una enorme laja, ésta se desprende.

Todo ocurre en fracciones de segundo. Kike y los bloques de piedra caen hacia nosotros. En un instante me doy cuenta que no tengo ni 50 cm, de margen de movimiento y además tengo las manos ocupadas, imposible huir de las piedras. Cierro las manos sobre las cuerdas y me acurruco contra la pared intentando poner la cabeza a cubierto. Alberto al menos tiene las manos libres y algo más de cuerda, se aparta a un lado todo lo que puede con la esperanza de no ser alcanzado por las piedras.

Cuando me quiero dar cuenta estoy hecho un ovillo con las manos crispadas sobre la cuerda y un dolor de muerte en el muslo derecho. Pienso que tengo la pierna partida, pero veo que la puedo mover ligeramente. Grito a Kike para saber si le puedo dar cuerda y me contesta que ya está de nuevo agarrado a la roca, puedo soltar algo de cuerda.



En unos segundos mis compañeros toman la iniciativa y al rato estamos los tres en la reunión, haciendo inventario de daños. Kike, tiene golpes y contusiones en los tobillos, manos, culo, pero ninguno de gravedad. Ha quedado colgando de ese ultimo friend salvador, con la suerte de que la cuerda que pasaba por él está intacta, no así la otra que una piedra ha cortado limpiamente. Alberto ha recibido una piedra en todo lo alto del casco y se lo ha partido en dos, haciéndole una pequeña brecha en el cuero cabelludo. Le duele el cuello. Yo soy el peor parado, al meterme contra la pared, me he golpeado en un ojo y tengo una brecha en el parpado que sangra abundantemente. Varias piedras me han golpeado la espalda y me duele el omoplato derecho, pero lo más grave es la herida de la pierna que sangra empapándome el pantalón, calcetín y pie de gato.

No hay cobertura de móvil. La cosa no pinta bien pero tampoco estamos muy desesperados, hay que rapelar para salir de aquí.

Hacemos dos rápeles hasta la repisa que corta la pared a media altura. Para estos rápeles tenemos que realizar una sencilla maniobra de autorrescate, pues una de las dos cuerdas esta cortada y tenemos que unirla con un nudo. Yo podía haberme quedado en la repisa esperando ayuda, pero hace frío y mientras puedo prefiero seguir moviéndome, así que hago esos dos rápeles y luego destrepo hasta llegar a un cómodo lugar en la gran repisa. Todo eso con la pierna y el ojo sangrando “más que ligeramente”.

Ya en la vega, Alberto encuentra cobertura y avisa al 112, dando nuestra posición y explicando más o menos lo que pasa. Cuando regresa a donde yo estoy y me dice que ya ha dado aviso, ya me relajo. Todo es cuestión de esperar, pues el tiempo sigue esplendido y tenemos bastantes horas de luz hasta el ocaso.

Esperando al rescate, me decido a mirarme la herida del muslo. Menos mal que no me la mire arriba, pues si la veo no doy ni un paso. La “cornada” es de preocupar y lo único que podemos hacer es taponarla con un “buf” limpio y comprimirlo todo con vendaje apretado.



Después todo se sucede muy rápido. Llega el helicóptero, bajan los rescatadores, me inmovilizan la pierna y nos sacan de dos viajes hasta Cordiñanes donde espera el helicoptero sanitario y una ambulancia.

Moraleja:

El casco yo no me lo quito ni para escalada deportiva.
A los tres nos salvo el casco, especialmente a Alberto que con toda seguridad estaría muerto si no es por el.

Es una locura escalar en montaña con cuerda simple. Siempre doble cuerda aunque sean de las modernas finas y ligeras.
Esta vía es susceptible de escalar con cuerda simple, pues no se rapela, pero a pesar de todo nosotros íbamos en doble lo que salvo a Kike. Además tuvo la suerte de que la cuerda que se partió fue la que no pasaba por el último seguro, lo cual redujo la caída al mínimo.

Siempre que sea posible hay que intentar montar las reuniones fuera de la vertical de la trayectoria del largo, sobre todo en las canales, corredores, etc.
Dos metros por encima de donde monte la reunión había un lugar igual de bueno y más protegido.

Siempre hay que llevar algo de botiquín.
Nosotros no llevábamos nada. Cagada, aunque supimos improvisar.

Hay que estar al día en temas de autorrescate.
La maniobra que nosotros necesitamos es de las mas sencillas, pero siendo esté un tema que me apasiona veo que el autorrescate es la “asignatura pendiente” de casi todos los escaladores."


Página web de Tente: http://www.arasdelcielo.com

www.barrabes.com
http://www.barrabes.com/revista/articulo.asp?idArticulo=6392

lunes, 31 de agosto de 2009

La injusta fama del ácido láctico.

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La explicación más común sobre los dolores que aparecen durante un esfuerzo intenso de breve duración o al día siguiente de haber hecho un esfuerzo intenso de larga duración apuntaban siempre al ácido láctico como responsable. Pero no lo es.

Durante la mayor parte de todo un siglo, tanto los atletas como los fisiólogos del ejercicio han considerado al ácido láctico como la causa principal de la fatiga muscular durante el ejercicio de alta intensidad, y lo han tachado de producto de desecho del metabolismo muscular. Pero ahora este modo de pensar ha quedado en entredicho, ya que los científicos han descubierto que esta sustancia que producimos en grandes cantidades no es la causante de la fatiga y de hecho ayuda a evitarla.



El inicio de este error parte de los experimentos del fisiólogo y premio Nobel británico Archibald V. Hill, que en 1929 estudió en su laboratorio el proceso de contracción hasta el agotamiento en los músculos de una rana y observó que se acumulaba ácido láctico cuando se producía el fallo muscular.

De este modo, Hill llegó a la conclusión de que el ácido láctico provocaba la fatiga vinculada a las repetidas contracciones musculares. Lo que él no sabía, y sólo recientemente hemos comprendido, es que cuando el músculo forma parte de un sistema biológico completo, en lugar de ser objeto de examen de manera aislada del resto del organismo, el ácido láctico sufre un procesamiento posterior y se convierte en fuente de energía que permite la continuación del esfuerzo. Es decir, no es la causa de la fatiga.

Ni tampoco es el ácido láctico lo que ocasiona los dolores musculares al día siguiente de la realización de un gran esfuerzo muscular. Este mito ha pervivido durante décadas y no acaba de esfumarse, a pesar de que desde hace más de veinte años existen pruebas de que esto no es así. Dicho dolor es más bien el resultado del daño producido a las células musculares como consecuencia del exceso de trabajo.



Así pues, si el ácido láctico no es culpable de los delitos que hasta ahora le habíamos atribuido, ¿qué produce la fatiga y la sensación de dolor o quemazón de los músculos durante los esfuerzos cortos e intentos, como sucede en los intervalos o en pruebas de pocos minutos de duración?

Para comprender la respuesta, es necesario considerar la escala del pH, que nos indica el grado de acidez o basicidad (alcalinidad) de los fluidos orgánicos en un rango de 1 a 14, a medida que los iones de hidrógeno aumentan o disminuyen.

En esta escala, las lecturas de pH inferiores al valor neutral de 7 indican una acidez cada vez mayor, en tanto los valores superiores a 7 indican una creciente alcalinidad. Así, algunos ejemplos de fluidos ácidos son el ácido clorhídrico (pH=1) o el vinagre (pH=3), en tanto la leche de magnesia (pH=10.5) y el amoníaco (pH=11.7) son sustancias alcalinas.



Durante el reposo, el pH de la sangre es aproximadamente 7.4, es decir, ligeramente alcalino. Cualquier cambio —por pequeño que sea en términos absolutos— en el equilibrio ácido-base de la sangre, tiene consecuencias muy importantes. Por ejemplo, durante un esfuerzo máximo de dos o tres minutos de duración, el pH de la sangre puede descender incluso a 6.4. En términos bioquímicos esto representa una oscilación de enorme magnitud, que provocará una sensación de ardor intenso en los músculos que trabajan y al mismo tiempo su incapacidad para continuar contrayéndose. Es decir, se ha instaurado la fatiga.

Si este descenso del pH no lo ha causado el ácido láctico, ¿qué lo ha causado? La respuesta está relacionada con las fuentes de energía utilizada durante unos breves periodos de esfuerzo, que son la glucosa y el glucógeno. Estas dos sustancias son carbohidratos, pero tienen una composición química ligeramente diferente. El glucógeno se acumula en el interior del músculo, donde su molécula puede ser escindida rápidamente para producir energía. Por su parte la glucosa, que se acumula en el hígado y también está presente en el torrente sanguíneo, es reclutada para la producción de energía para el ejercicio cuando las reservas de glucógeno no consiguen satisfacer las demandas o están agotándose.



Cuando la molécula de glucógeno se metaboliza para producir energía, libera un ión hidrógeno. Pero si es la glucosa la que se emplea con fines energéticos, como sucede cuando la intensidad del ejercicio supera las posibilidades del uso del glucógeno, entonces se liberan dos iones hidrógeno. De este modo, la concentración de iones hidrógeno se duplica rápidamente, haciendo descender el pH de la sangre y provocando el dolor y la fatiga asociado a la acidosis.

Por su parte, la cantidad de ácido láctico que se produce es la misma, independientemente de la fuente energética utilizada para la realización del trabajo. Lejos de ser una sustancia malévola, el ácido láctico es un aliado durante la realización de ejercicio físico intenso. Ayuda en gran medida a mantener la actividad a medida que el esfuerzo se va volviendo cada vez más duro.

Cuando los iones hidrógeno comienzan a acumularse, el lactato, además de transformarse en una fuente de energía, transporta dichos iones al exterior de las células musculares que están trabajando y ayuda a mitigar o amortiguar sus consecuencias negativas.

Después de casi 80 años, la mala reputación del ácido láctico ha quedado, por fin, favorablemente saldada.



Reproducido con permiso de Ediciones Desnivel de: Loren Cordain y Joe Friel. Paleodieta para deportistas. Una fórmula nutricional para el deporte de alto rendimiento. Ediciones Desnivel, Madrid. 2007. 296 páginas. ISBN: 978-84-9829-094-3. Páginas 52-53

domingo, 12 de julio de 2009

Síndrome del arnés

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Estar colgado de una cuerda tiene sus riesgos, sobre todo si es mucho tiempo. El síndrome del arnés es poco conocido y no se le presta atención pero sus consecuencias pueden ser graves. Cañonistas, espeleólogos y escaladores que pretendan estar colgados de su arnés mucho tiempo, deben conocer este síndrome.

El síndrome del arnés es una patología que requiere la combinación de dos factores para su aparición que son la inmovilidad y la suspensión. El factor de inmovilidad puede darse tanto en personas que quedan inconscientes (por un golpe, el impacto de piedras, etcétera) como en personas que lleguen al agotamiento, lo cual les pueda suponer quedar suspendidas de una cuerda (segundo factor necesario).

Esta situación provoca una acumulación de sangre en las piernas (se calcula que de un 60%) por un fallo en el retorno venoso, la cual implica que hay menos sangre para que el corazón pueda mantener correctamente los órganos vitales. Rápidamente se puede perder la consciencia (en personas que no quedaron suspendidas por estar inconscientes), y si el síndrome avanza puede llegar a producirse la muerte de la persona bloqueada. Debemos tener en cuenta que la rapidez con la que una persona puede presentar los síntomas de síndrome del arnés depende de sus condiciones físicas, pero estos síntomas pueden aparecer a partir de los 10 minutos de estar suspendidos (en algunas personas podrían aparecer antes), y que normalmente no se suele aguantar más de 30 minutos.

Los síntomas que presenta el síndrome del arnés son entumecimiento de pies y piernas, aturdimiento, náuseas, taquicardia, dolor intenso, disminución del nivel de conciencia, etcétera.



Un problema que nos encontraremos para evitar la aparición del síndrome del arnés en personas conscientes es que no hay signos premonitorios claros, pues se han realizado estudios en los que personas que permanecían colgadas y quietas han pasado repentinamente de estar tranquilos a presentar rápidamente síntomas.

Es importante que conozcamos que factores como la imposibilidad de mover las piernas, la deshidratación, la hipotermia, el dolor, la fatiga, los antecedentes de enfermedad cardiovascular o respiratoria y el estado de inconsciencia aumentan el riesgo de padecer el síndrome del arnés.

Prevención
Dentro de la prevención podemos diferencias dos tipos de acciones, las personales, para evitar la aparición del síndrome del arnés cuando nos podamos encontrar en una situación de suspensión en una cuerda, y las acciones genéricas destinadas a divulgar la gravedad del síndrome del arnés, para concienciar y evitar que alguien pueda padecerlo.


Personales. Elegir el arnés adecuado a nuestra talla y llevarlo bien ajustado (ni mucho ni poco). Mantener una posición semisentada ayudándonos, si hiciese falta, de un arnés de pecho que evite que quedemos en posición horizontal. Mover las piernas y en caso de no ser posible, mantener las rodillas dobladas.


Generales
Mentalizar de la gravedad del síndrome del arnés a los practicantes del barranquismo, remarcando que la posibilidad de muerte puede darse en 10 minutos. Adquirir la formación específica para poder resolver situaciones de autorrescate en los barrancos. Garantizar un rescate rápido combinando el conocimiento de las técnicas de autorrescate con el entrenamiento (si no tenemos aún suficiente autonomía, éstas deben estar supervisadas por un profesional). Tranquilizar al rescatado al llegar hasta él, pues es de vital importancia que ejecute las instrucciones que le demos (como mover las piernas para evitar la aparición de síntomas). No realizar nunca el descenso de barrancos en solitario. Es altamente aconsejable que la gente que empieza y no tiene suficiente autonomía vaya siempre acompañada por, al menos, una persona técnicamente preparada o por un profesional contratado para ello.

Tiene que quedarnos muy claro (cristalino, más bien) que debemos evitar cualquier tipo de situación que nos lleve a la posibilidad de quedar bloqueados en una cuerda, tanto a nosotros como a cualquier persona que nos acompañe en un barranco.

Tratamiento
Además de realizar un rescate lo más rápido posible, lo único que podremos hacer es poner a la persona en una posición que favorezca el poder recuperar un estado más o menos normal, mientras damos aviso a los cuerpos profesionales de rescate para que lo trasladen rápidamente a un centro hospitalario (para ello, debemos tener en cuenta cuánto tiempo ha sido pasado suspendido desde la aparición de los primeros síntomas). Estas posiciones son agachado o en cuclillas, o en posición semisentada. Si el herido está inconsciente, debemos colocarlo sobre el costado derecho en posición fetal. Esta posición se debe mantener entre 30 y 40 minutos antes de pasar a una posición horizontal.

Debemos evitar a toda costa la posición antishock o las posiciones horizontales. Por la acumulación de sangre en las piernas se provoca una falta de carga en el ventrículo derecho, y si colocamos al herido en estas posiciones crearíamos una sobrecarga aguda desde el ventrículo por retorno masivo de sangre que se había cumulado en las piernas durante el tiempo que permaneció en suspensión (esto es más conocido como “muerte del rescate”).

Evidentemente, mientras esperamos la llegada del rescate profesional, pondremos al rescatado en un lugar seguro, protegido del frío y los agentes externos y bajo constante vigilancia, por si su estado empeorase y fuese necesario aplicarle maniobras de reanimación cardiopulmonar.

En conclusión, el síndrome del arnés constituye un riesgo vital para todos aquellos que practicamos el descenso de barrancos, pues ante la posibilidad de quedar bloqueados e inmóviles en una cuerda podemos llegar a perder la vida.

Jesús Montesa y Obdulia García. Autorrescate en barrancos. Ediciones Desnivel, Madrid. 2005, 186 páginas. ISBN: 978-84-96192-88-1. Páginas 135-138

jueves, 2 de julio de 2009

Beber agua de la naturaleza

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En el mundo del outdoor y la vida en la naturaleza existe una regla de oro: “Nunca bebas agua de dudosa procedencia” y aunque parezca exagerado es muy bueno desconfiar siempre del agua que la madre naturaleza nos provee. Te mencionamos algunos métodos para potabilizarla.


Por desgracia en muchos lugares del mundo el agua natural puede estar contaminada, ya sea con contaminantes artificiales, como fertilizantes utilizados en los campos, o por actividad humana o animal.La ingesta de agua contaminada puede alterar nuestro organismo contrayendo enfermedades tales como tifoidea, cólera o disentería además de otros trastornos generados por parásitos que podemos contraer al beberla. Está claro que contraer un problema de salud estando de excursión no es muy conveniente y opacará nuestra salida. Por lo tanto es fundamental desconfiar siempre y potabilizar el agua que tomamos. Para eso existen diversas maneras de hacerlo.

Potabilizar al agua con hervido:

Se recomienda hervir el agua durante 5 a 10 minutos como mínimo (lo más recomendable son 20 minutos). Cuando el agua alcanza su punto de ebullición (100º C) todas las bacterias mueren o se inactivan.
En casos extremos de supervivencia, una forma de purificar cualquier líquido y rescatar solamente el agua que éste contiene, es hacer hervir el líquido y destilar el vapor en otro recipiente en donde obtendremos agua pura, sin peligro de bacterias, concentración de sales o minerales peligrosos para la salud. De esta manera podremos destilar hasta agua de mar si se quiere. Hay que tener en cuenta que el agua que proporciona el destilado es lógicamente agua destilada, por lo que conviene enriquecerla con una pizca de sal o mezclarla con jugo. Un buen consejo a seguir luego de hervir el agua es traspasarla repetidas veces de un recipiente a otro para airearla. Esto le da buen sabor e impide que resulte intomable.

Potabilizar agua con cloro:

El cloro es uno de los desinfectantes más efectivos. Es muy eficaz contra las bacterias pero no tiene buenos resultados contra la erradicación de los virus que transitan por el agua sin potabilizar. Por eso se recomienda filtrar el agua antes de clorarla y después de la aplicación del cloro debe mezclarse bien y dejarse reposar 30 minutos para que el cloro entre en contacto con los microorganismos.

Potabilizar agua con yodo:

Este desinfectante es muy eficaz para eliminar las bacterias, los virus y otros microorganismos que podemos encontrar en el agua. En general de 2 a 10 gotas por litro puede ser suficiente para purificar el agua clara. Aquí también, para aumentar la efectividad, es necesario filtrar el agua antes de aplicar el yodo, mezclarse y dejarse reposar durante 15 a 20 minutos.Este sistema es recomendable para utilizar en el lavado de frutas y verduras dejándolas reposar en agua con yodo durante 10 minutos.


Potabilizar agua con Pastillas potabilizadoras:


Existen pastillas ya preparadas y a la venta en el mercado que sirven para potabilizar el agua. Usar pastillas potabilizadoras de agua es quizá el método más práctico y efectivo para potabilizar el agua. Estos compuestos deben aplicarse en cantidades exactas y respetando el reposo necesario antes de consumir el agua. Se recomienda siempre leer las instrucciones de uso en el envase y fecha de vencimiento. Es conveniente llevar siempre pastillas potabilizadoras en nuestra mochila o en nuestro kit de supervivencia, ya que son un sistema muy rápido, confiable y fácil de utilizar.

Purificar el agua:


En casi todos los casos antes de potabilizar el agua habrá que purificarla para quitarle la turbiedad o pequeñas impurezas que pueda tener. El método más práctico para esto es dejarla reposando el mayor tiempo posible en un recipiente para que las impurezas se decanten o floten. Luego, con mucho cuidado de no revolver el agua, con un tubo flexible o manguera trasvasarla a otro recipiente utilizando la técnica de sifón. Otra forma de purificar el agua es filtrarla usando varias capas de tejidos o arena limpia.

Lo ideal en cualquier excursión corta es llevar desde el inicio la dosis suficiente de agua a fin de no tener que recurrir a juntarla.

La cantidad de agua que necesita ingerir el cuerpo humano depende de la temperatura y humedad del ambiente y de la actividad física que hagamos. Generalmente necesita como mínimo 2 litros de agua diarios y en una zona desértica con más calor y sequía necesitará alrededor de 10 litros de agua por día.

La esperanza de vida humana sin agua es de 2 días en el desierto y 8 o 10 días en climas frescos.

De dónde juntar agua. Lo primero que hay que observar para suponer que el agua es potable, es que ésta corra o sea que no esté estancada. Es preferible el agua de un arroyo que desemboca en un lago y no la del mismo lago, y mejor aun es el agua de los manantiales que nacen entre las rocas de la montaña que el agua de los arroyos que luego forman. En conclusión ir a buscar agua “río arriba” a los manantiales o a las nacientes de los arroyos siempre es la mejor opción.

domingo, 28 de junio de 2009

Un dolor común: la planta del pie

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Es una lesión común entre los deportistas y sus causas son múltiples. Lo cierto es que puede inmovilizar completamente al pie, pero su prevención y su tratamiento son de lo más simples. La fascitis plantar no requiere cuidados especiales, sino sólo que pongas atención a lo que dice tu cuerpo.

Una lesión común en muchos atletas de deportes de impacto es la fascitis plantar. La fascia plantar es una banda muy gruesa de tejido que cubre los huesos de la parte inferior del pie. Esta fascia puede inflamarse y causar dolor en algunas personas, lo cual dificulta el caminar. Técnicamente, la fascitis plantar se siente como ardor en la planta del pie (o de ambos), en una parte de la planta o por toda ella y quizá hasta el nivel de pierna baja. El dolor puede impedir toda actividad física.



Uno no tiene que ser atleta para sufrir de tal lesión, puede ser causada por muchas razones, desde, etc. Pero una cosa si es cierta: aquellos que la han tenido no olvidarán del dolor. Las causas por las que la fascitis plantar se producen son muchas: usar tacones altos, un mal calzado, entrenamiento muy fuerte, etc. Se piensa comúnmente que la fascitis plantar es causada por un espolón en el talón, pero las investigaciones han encontrado que esto no es cierto, ya que en las radiografías se observan espolones en el talón en personas con y sin fascitis plantar.

La fascitis plantar provoca un dolor intenso al pisar o hacer actividades de pie. Se sentirá como una quemadura. Cuando está en un estado de inflamación, es recomendable poner compresas frías por 20 minutos dos veces al día. Al mismo tiempo se debe amasar la planta de pie con un objeto como una botella o pelota de tenis para lograr estirar toda la facia. Esto aliviará el dolor. El reposo puede aliviarla en la mayoría de los casos.


También se puede buscar un masajista profesional que tenga una base sólida de anatomía. Él apresurará el proceso de recuperación. Esta persona debe trabajarle toda la planta del pie, los compartimentos posteriores y anteriores de la pierna baja, además del Tendón de Aquiles y el músculo soleo para regresar la movilidad a estos músculos.



Para prevenir la fascitis y lograr una rápida recuperación, es necesario cuidar la alimentación, usar zapatos cómodos, escuchar al cuerpo cuando grita que está ya cansado. Pero sobre todo, tener una buena sesión de calentamiento antes del ejercicio. El entrenamiento no debería ser cosa de pasar el tiempo, sino para toda la vida.
Todo esto ayuda a mantenerse lejos de lesiones graves. Parte de la vida de los atletas es tener dolores. Pero es importante prevenirlos y poner remedio cuando se presentan.


 

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