miércoles, 13 de enero de 2010
La lista de SINDE
Etiquetas: Aviso a los Navegantes, Noticias, TRIBUNA ABIERTA, Vida
"La Lista de Sinde" recoge un listado de las páginas web que se han ido "autoinculpando" de intercambiar cultura libremente mediante la integración de un buscador de descargas. Nuestro objetivo es responder con esta nueva lista de otras 200, 2.000 o 20.000 páginas web que el Gobierno debería también censurar por la misma razón: compartir cultura. Hasta ahora, los jueces siempre nos han dado la razón, pero si el Gobierno consigue poder cerrar y bloquear webs sin un juicio previo, tendrá que ir también a por todas las nuestras. ¡Ahora la Red actúa, únete!
El funcionamiento de esta campaña es muy sencillo:
Incluye en tu web uno de los buscadores de descargas que proponemos. Puedes verlos en la columna de la derecha, sólo tienes que cortar y pegar el código que parece haciendo click en el enlace "Pulsa aquí para ver código". Una vez incluído, cualquier persona podrá buscar descargas desde tu web.
Inscríbete en "La Lista" rellenando el formulario que hay en la columna de la izquierda.
La Lista se entregará al Ministerio de Cultura y a la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información (Ministerio de Industria).
¡Únete!
http://lalistadesinde.net/
jueves, 3 de diciembre de 2009
Adiós a Lino Lacedelli, el arrepentido
Etiquetas: Alpinismo, Montañismo, Noticias, TRIBUNA ABIERTA, Vida
EL 31 de julio de 1954, a las 7 de la mañana, Achille Compagnoni, de 39 años, y Lino Lacedelli, de 28, salen de su minúscula tienda. Son las dos personas que en ese mismo instante están a mayor altura sobre la faz de tierra, a 8.130 metros en las laderas del K2 (8.611 metros). Se colocan los crampones, cogen las mascarillas de oxígeno, los reguladores e inician la marcha. Pero no parten hacía la cumbre, todavía no. Efectúan una peligrosa travesía ligeramente descendente hacia su derecha, que les lleva al punto exacto en el que el día anterior dos de sus compañeros de expedición han depositado el combustible sin el cual les sería imposible ascender a la segunda cumbre más alta del planeta: las bombonas con el oxígeno.

El cielo está parcialmente cubierto pero, pese a la niebla, la cordada italiana divisa el preciado tesoro: dos bombonas cargadas hasta los topes. Las conectan a los reguladores, se ajustan las mascarillas y, penosamente, comienzan a ascender desde los 8.100 metros de altitud en que se encuentran. Son las 8 y media de la mañana del 31 de julio.
las 18.00, hora local de Nepal, tras 9 horas y media de ascensión, el primer ser humano pisa la hasta entonces virgen cumbre del K2. En la cumbre, Compagnoni y Lacedelli lloran y se abrazan, conscientes de que a partir de ese día su país los aclamará como a unos héroes, de igual manera que los británicos han colmado de gloria a Hillary y Tenzing por su ascenso al Everest, los franceses a Herzog y Lachenal por su gesta en el Annapurna o los alemanes y austríacos a Herman Buhl por su cima en el Nanga Parbat. En efecto, cuando el 3 de agosto la noticia llega a Italia el país estalla de júbilo. El K2, la montaña de los italianos y del Duque de los Abruzzos, "ha caído".
En el campo base, pese a las congelaciones sufridas por ambos, todo es alegría y plenitud y el líder táctico de la expedición, el casi sexagenario Ardito Desio, felicita entusiasta a los 11 hombres y a los más de 10 hunzas -habitantes del valle de Hunza, en Pakistán- que han colaborado en la gesta, costeada y diseñada por el Club Alpino Italiano (CAI), el más antiguo, prestigioso y respetado de Italia.
A su regreso a Italia, Desio relata la historia en el famoso libro La conquista del K2. A pesar de la trágica muerte de Mario Puchoz semana y media antes del día de cumbre a causa de un edema pulmonar, el relato de Desio, que supone el testimonio oficial que quedará para la historia, rezuma heroicidad, esfuerzo, compañerismo y, finalmente, gloria, incluyendo el dato de que Compagnoni y Lacedelli llegan a la cumbre a pesar de que a 8.400 metros se les había terminado el oxígeno. En una Europa que aún sufre las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y en la que las expediciones al Himalaya son tratadas casi como cuestiones de Estado, Italia puede estar tranquila: ya tiene sus héroes y éstos ya tienen la cumbre del K2.

La otra versión
Walter Bonatti estalla
En medio de tanto festejo, un joven de 24 años que también ha formado parte del grupo del K2, Walter Bonatti, calla. Calla, calla y calla. Y mata su desazón encadenando una tras otra ascensiones de vértigo que le convierten en apenas unos años en el alpinista más destacado de los 50 y de la historia.

Pero en 1961, 7 años después de lograda la cumbre del K2, ya no puede más. Estalla. Publica un libro -Mis montañas- donde niega las posteriores acusaciones de Compagnoni y da su versión del ascenso al K2. Compagnoni acusaba a Bonatti y al hunza Mahdi, los encargados de llevar las bombonas de oxígeno a 8.100 metros, de respirar parte de ese oxígeno la noche del 30 al 31 de julio, en la que Bonatti y Mahdi tuvieron que vivaquear al raso porque no encontraron la tienda de Compagnoni y Lacedelli. Y que por eso se les acabó a ellos a 8.400 metros, a 200 metros de la cumbre. Y también que las intenciones de Bonatti eran ir a la cumbre gracias a ese oxígeno que estaba destinado a Compagnoni y Lacedelli.
En 1985, Bonatti vuelve a defenderse. Publica Proceso al K2, en el que ofrece una versión aún más prolija en detalles y en la que sólo solicita que se limpie su nombre, que el Club Alpino Italiano reconozca que las acusaciones de Compagnoni son falsas y que se dicte una versión oficial final donde quede claro que ni usó el oxígeno la noche que casi muere con Mahdi a 8.100 metros a cielo abierto, ni tuvo intención de ir ese día hacia la cumbre en detrimento de sus compañeros y que, por último, el oxígeno se les terminó a Lacedelli y Compagnoni ya en la cumbre. El resultado: silencio, silencio y las palabras de Ardito Desio, por entonces cercano a los 90 años: "Toda y la única la verdad está en mi libro".
Una fotografía
La verdad es antigua
A miles de kilómetros de distancia de Italia, una mañana de 1993, un cirujano australiano aficionado al alpinismo, Robert Marshall está ojeando una vieja revista suiza de 1955 traducida al inglés -Berge der Welt- que acaba de localizar y en la que figura un amplio reportaje dedicado al primer ascenso del K2. Asombrado, casi sin poder creérselo, se fija en una fotografía inédita hasta entonces y que el informe oficial había desechado: Compagnoni en la cima del K2 con la mascarilla de oxígeno puesta y ésta conectada al tubo de goma que llega hasta la bombona.

Inmediatamente, Marshall se pone a localizar a Bonatti y cuando logra contactar con él, le ofrece sus nuevos descubrimientos. Bonatti reescribe su libro, en el que apenas varía nada de lo que antes había expuesto, pero en el que sí se añaden las preciosas imágenes que atestiguan todo lo que lleva clamando durante décadas. El resultado es K2. Historia de un caso (1995). Resumiendo, los hechos son estos:
Compagnoni y Lacedelli llegaron a la cima respirando el oxígeno que el día anterior dejaron Bonatti y Mahdi a 8.100 metros. Si se hubiese acabado a 8.400 metros, ¿qué sentido tenía cargar hasta la cima con los kilos que pesaba cada bombona?
Bonatti y Mahdi no pudieron usar oxígeno porque no tenían ni máscaras ni reguladores.
Bonatti y Mahdi no encontraron la tienda de Lacedelli y Compagnoni porque éstos la habían colocado 150 metros más arriba de lo previsto y bastante más a la izquierda. Compagnoni y Lacedelli lo hicieron precisamente para que Bonatti no se uniera al grupo de cima.
Compagnoni y Lacedelli no se ofrecieron a ayudar a Bonatti y Mahdi pese a que oyeron sus gritos la noche del 30 al 31 de julio y sabían que tendrían que vivaquear. Mahdi sufrió amputaciones en dedos de manos y pies; Bonatti, milagrosamente, salió ileso.
La reacción en 1995 de Compagnoni, Lacedelli, Desio y el Club Alpino Italiano es ésta: silencio. En 2001, a los 104 años, muere Ardito Desio. En mayo de 2009, a los 94 años, muere Achille Compagnoni. El pasado viernes, día 20 de noviembre, a los 83 años, muere Lino Lacedelli. Los dos primeros jamás reconocieron la verdad. Lacedelli lo hizo en 2004, en su libro K2. El precio de la conquista, lo que obligó al Club Alpino Italiano a reescribir la historia oficial. Lo hizo en abril de 2008 -casi 54 años después de la noche en que Bonatti y Mahdi debieron morir en el K2-. Bonatti comentó tras el informe del CAI que valoraba el gesto. Sin embargo, cuando en 2004 leyó el libro de Lacedelli, sus palabras fueron: "Demasiado tarde". No quería fama, ni dinero, ni las ventajas que algunos creen obtener de ser considerado y vitoreado. Quería recuperar la fe en los hombres que le habían quitado cuando sólo tenía 24 años.
jueves, 20 de agosto de 2009
Sobre turismo vertical
Para la mayoría, Antonio Gómez Bohórquez Sevi, no necesita presentación. Para el resto, saber que fue el autor, junto a Jesús Gálvez, de una de las líneas míticas de la oeste del Naranjo de Bulnes, El Pilar del Cantábrico, bastará. Escalador de trayectoria (primera absoluta a La Esfige, en Perú, en 1985 con Onofre García), especialmente en la tapia, pide ahora turno de palabra, precisamente, desde la gran pared.
Desde dos, concretamente, el alicantino Ponoig y Tabernes de la Valldigna, tapias que han visto recientemente como dos vías ferratas eran equipada en sus muros. Para Sevi, se trata de una tendencia preocupante, turismo vertical, que además en estos casos se agrava porque, afirma, destruyen una línea tradicional ya existente (el Espolón de los ingleses del Ponoig), y en el segundo caso (Tabernes) ocupan un paño todavía virgen y por escalar.
La otra parte, al menos la que está detrás del equipamiento de tan polémica "escalera" en el Ponoig, ha contactado también con esta redacción para acotar el alcance de la misma, pues asegura que el Espolón de los ingleses sólo ha visto invadida su línea en la mitad del último largo (por estética y seguridad), y que es perfectamente posible escalar ambas vías, la de escalada y la de escalones, simultáneamente y sin estorbarse. Sólo hay proximidad en las reuniones.
Sevi Bohórquez durante una escalada en la peruana Esfinge, en 1988. Foto: Col. S. Bohórquez
"A propósito del turismo vertical"
Escribo la presente carta porque quería comunicar a los lectores de Desnivel algo que me viene preocupando desde hace un tiempo y que tiene que ver con la nueva tendencia del ferratismo que, por el abuso de sus equipaciones, afecta especialmente a la escalada y al montañismo en general. Paso entonces a desarrollar los motivos de mi "preocupación" esperando que lo que expongo brevemente sirva para un amplio debate entre los lectores e interesados.
El caso es que tenemos en la provincia de Alicante dos ejemplos recientes de esa tendencia, que voy a tomar como muestrario de mi argumentación. Se trata de la vía ferrata del Ponoig y la de Tabernes de la Valldigna. La primera, como sabemos, destruyó una ruta clásica de escalada. La segunda se instaló en roca vertical que nadie había escalado.
Sobre la vía ferrata del Ponoig sé que fue concebida, con finalidades turísticas, por obra y gracia del Ayuntamiento de Polop de la Marina. De traerla al mundo se encargó la empresa de trabajos verticales de un conocido escalador deportivo que, para evitar riesgos, colocó el engendro metálico en la ruta de escalada del Espolón de los ingleses.
Ignoro si los aperturistas británicos solicitarán a las autoridades culturales del reino de Su Graciosa Majestad que emprendan acciones legales, amparándose en los derechos morales de la propiedad intelectual de la ruta. ¿Las emprenderá también nuestro Ministerio de Cultura por tan execrable atentado contra el patrimonio nacional de rutas clásicas de escalada?
Paradójicamente menos doloroso que el alumbramiento anterior, aunque igual de arbitrario, fue el de la ferrata de Tabernes porque usó para su creación una zona rocosa virgen. Los criterios y nociones de los autores de esta segunda vía se intuyen en foros como los del sitio web piedrasobrepiedra.com. Aquí explican que vía ferrata "[...] es un itinerario deportivo situado en una pared rocosa vertical equipado con escalones, cadenas, presas artificiales, puentes u otros elementos de sujeción y que poseen, en todo su recorrido, un cable de acero (cable de seguridad) que permite asegurar nuestra progresión y detener posibles caídas." Esta brillante explicación revela el nuevo concepto, ferratismo deportivo, que origina la tendencia sobre-equipadora que nos ocupa.
Panorámica de la vía ferrata equipada recientemente en el Ponoig. Foto: Sevi Bohórquez
Conviene recordar el origen estratégico militar de las ferratas tradicionales. Procuraban evitar las zonas más verticales de las montañas, no contaban con cable de seguridad en todo el recorrido -sino donde era necesario- y aprovechaban los agarres rocosos de buen tamaño para subir. Por el contrario, en los dos "itinerarios deportivos" citados han colocado cómodos y coquetos peldaños metálicos a corta distancia donde se puede trepar utilizando buenos agarres naturales.
Ya conocemos las consecuencias de tendencias anteriores, como el uso indiscriminado del magnesio o el del parabolt, que suelen relacionarse con la deportivación de la escalada. En las paredes rocosas vemos hoy agarres naturales, donde cabe una mano entera, tapizados de magnesio. Y son muchas las rutas clásicas desvirtuadas con excesivos parabolts, cercanos entre sí, incluso junto a estupendas fisuras que permiten la colocación fácil de fisureros o friends. Al pensar en esto, y en los errores que he podido cometer y cometido como montañista, me parece fundamentado temer al desconocimiento, a la falta de criterios razonables, y a la libertad para decidir qué ruta previa desvirtuar impunemente o en qué lugar de la montaña se colocará una vía ferrata, ¿no es verdad?
En el resto de nuestra península encontramos ejemplos parecidos a los expuestos. Son indicadores de que el ferratismo deportivo tiende a invadir espacios dedicados hasta el momento a la escalada. Cabe imaginar entonces la montaña relegada a la categoría de parque temático para deleite de seudoaventureros, y para mayor beneficio de la industria y el comercio turístico. Así, cuando alguien menos cualificado sienta la necesidad de satisfacer su ansia de turismo vertical y adrenalina, con los medios adecuados a sus limitaciones, ¿tendrá libertad para mandar instalar algún tipo de ascensor en las paredes de las montañas?
A raíz de todo lo anterior surgen mis principales preguntas: ¿Son razonables mis temores? ¿Hasta dónde llegan mis privilegios de montañista para reequipar rutas ajenas o instalar vías ferratas sin el consenso de los demás? ¿Está amenazado el patrimonio de rutas clásicas de escalada? ¿Estudia la UIAA u otra entidad los posibles efectos de dicha tendencia ferratista por si fueran necesarias algunas recomendaciones o normas preventivas?
Con la esperanza de que podáis aclarar mis dudas y vuestros recursos ayuden a resolver lo que percibo como un problema, si lo fuera, me despido atentamente.
Progresando por la vía ferrata de Tabernes de la Valldigna. Foto: Arturo J. Gómez
Sevi Bohórquez
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